El Güero Brayan

Nosotros, así como nos vemos, así como nos pensamos; cuando miramos al espejo, alguien distinto se refleja, observamos por entre las tramoyas sociales y prejuicios inculcados a fuego, látigo y sangre desde tiempos mas allá de nuestra comprensión.
Ahora tan de moda el prejuicio racial, la discriminación, las demandas por aquello y el color del otro. Me preguntaba si la autodiscrimación o el auto prejuicio racial también estará penados, de ser así, tendremos varios cientos de millones de mexicanos acudiendo a levantar sus respectivos reclamos. Todos aquellos que sin aceptarlo abiertamente aspiran a bajarle dos rayitas al pantone epidérmico, relatando con orgullo melancólico que sus bisabuelos eran güeros y de ojo azul o que la familia viene de España, Italia, Francia y quien sabe si no hasta descendientes de Vikingos.  El tema es saberse por lo menos poseedor -aunque sea de carámbola- de algún gen de Quetzalcoatl, aquel padre que un mal día nos abandonó a la suerte o al mejor postor.
Los publicistas deben estar desconcertados, gastando millones en estudios de mercado que demuestran una y ota vez que las aspiraciones del mexicano y la mexicana están pegaditos al color de piel, y a tener una carita angelicalmente europea; con ver cinco minutos de comerciales en la televisión podremos darnos cuenta; publicidad aspiracional, siempre, invariable, piel blanca y que tal los anuncios pagados por el gobierno sobre salud pública, mosquitos contagiosos o campañas de vacunación; ahí si emerge la raza de bronce, ¿no?.
A menos que por supuesto Coca Cola se ponga  proactiva y se aviente un comercial que incluya jóvenes de ciudad que llevan la verdad absoluta a los pueblos indígenas; para prenderles el árbol, en el caso claro, que hubiera existido electricidad o que la gente esté de ánimo para festejar la navidad cuando sus carencias les llevan mas por la sobre vivencia que por vanalidad estacional. Que tino!; pretender llevar la verdad única y superior con jóvenes occidentales que toman refresco y que son muy cool mirando con ojos de compasión a los chicos indígenas o no indígenas.
No eres tú, soy yo; la publicidad solo hace extensivo el sentir profundo y escondido del mexicano; la verdad es que no hemos alcanzado a reconocernos aún como pueblo único; ni blancos, ni negros, ni amarillos, ni rojos; somos un crisol que emerge de las pasiones, del anhelo de un nuevo mundo, de la visión cósmica , del choque de culturas, del big bang racial.
Tan de moda las demandas por aquí y por allá, que si te dijeron negro, que si por tu color no te contratan en casa de bolsa, que simio, chango, indio, naco. Todo aquello está justo detrás de nuestro miedo colectivo a reconocernos y aceptarnos como somos; aspirar a ser mas mexicanos: bronce, con sangre indígena; belleza diferente; introvertida, espiritual, devota, mística, festiva, controvertida, introvertida.
Ojalá que pronto los Brayan, Britany, Dilan, Megan y todos aquellos vuelvan la vista y encuentren que en su identidad original, su fortaleza revive en todo lo alto para alcanzar la grandeza que les ha sido conferida y postergada por 523 años, minutos más, minutos menos.