La Virtud de los Malditos

virtud de los malditos

Aquí han estado por siglos, viniendo casi por instinto, desde mas allá del continente, seguro que nunca pensaron que habían cruzado uno, simplemente siguieron caminando, con ese instinto nómada que después les sería quitado por los dioses para aferrarse a una tierra casi inexistente, entarimada sobre fangos y aguas lodosas que serían el sostén para siempre de un imperio condenado a la extinción y génesis de una raza inmortal.
Persistencia brutal, abismos de alma que casi sin aliento conducen en viaje inacabable y cataclísmico; no han dejado de viajar, aún sin haberse movido de estas tierras, recorren un largo y tortuoso camino de auto conocimiento; como individuos, como pueblo, como sociedad.
No han acabado de aceptarse, de saberse parte de este mundo, esconden su verdadera cara por entre laberintos de festejos y alegría desbordada. Huyen de su yo y mas del nosotros, corriendo en todas direcciones para evadir la realidad de sus conciencias. Un pueblo que se ha olvidado poderoso, que sucumbe aún con facilidad al murmullo de su alma  tocada por la conquista, que aspira a tener la piel clara para poder acercarse al dios que vendrá de mas allá de sus mares. Tiene miedo a que el blanco y barbado no lo acepte, no acepte a su hijos perdidos, tiene miedo a que lo vuelvan a dejar, a la deriva, extraviado en las profundidades de su indentidad.

Teme asomarse al lago y ver el reflejo de un desconocido que es único, que no se parece a nadie mas, que no necesita incluso parecerse a nadie, que brilla con luz propia, sin tener que implorar  parentescos ajenos a su imagen.
Quiero un poco de silencio, necesito remanso en dónde dejar de pensar y comenzar a sentir lo que late dentro, para encontrar de una vez por todas lo que me fue dado, lo que por derecho divino me invocaron a buscar, pero que en el camino, el imperio y la conquista… lo he olvidado.
Aún resuenan las voces de mil batallas, lamentos de los caídos que se fueron al fondo del lago, al abismo del infierno mexicano -que aún demanda sacrificios- para ofrecer sus cuerpos al cimiento que sostiene todo, para fundirse entre el fango, el agua, las madera y el fuego que mantienen  firme al mundo, al centro del único mundo.